Bienvenidos al blog del Club MTB Villa del Prado, en el que podrás informarte sobre las actividades de nuestro Club de Mountain Bike que como su nombre indica, tiene su sede en la localidad madrileña de Villa del Prado, situada en el suroeste de la Comunidad de Madrid. Club Deportivo de la Comunidad de Madrid con nº 3727
jueves, 18 de mayo de 2017
miércoles, 17 de mayo de 2017
Domingo 14 de mayo de 2017 (Palizón por Hoyo de Pinares)
En la jornada de hoy tocaba “desplazamiento” para realizar una de nuestras “rutas
mensuales”, siendo esta vez la localidad abulense de Hoyo de Pinares el lugar
elegido para disfrutar de nuestro deporte.
Habíamos quedado a las 8,00 en la estación de autobuses, y allí nos hemos
reunido un estupendo grupo compuesto por Eltiolavara, Transcastro, Alberto, Perejil,
Jose, Jorge, Rafa, y Noesperoanadie, al que casi siete meses después volvíamos
a “ver el pelo”.
Tal como íbamos llegando fuimos “apañando” las bicis en la “fregoneta” de
Transcastro para posteriormente poner rumbo hacia Hoyo de Pinares, punto de
inicio de la ruta y de donde nos separaban unos 40 kilómetros.
Aparcamos los vehículos a la entrada del pueblo, junto a un parque que teníamos
“fichado” de anteriores ocasiones y nos dispusimos a realizar los preparativos
oportunos de montaje de bicis y equipamiento, echando a rodar unos minutos
antes de las nueve de la mañana.
Abandonamos el pueblo de Hoyo de Pinares para internarnos en una bonita
zona de senderos entre los pinos hasta llegar junto al muro del embalse de “Hoyo
de Becedas I”, donde paramos a hacernos la primera fotito de grupo de la
jornada.
Retomamos a continuación el pedaleo para continuar el divertido ascenso por
senderos entre los pinos hasta que……¡¡zas!!. Rafa rompió la cadena de la bici,
lo que obligó al grupo a realizar una parada obligatoria para la reparación, siendo
subsanada la avería rápidamente por Eltiolavara con su habitual pericia.
Tras la parada, reanudamos la marcha y acompañados en algunos tramos por
las vacas que tranquilamente pastaban y a las que en algunas ocasiones “fastidiamos
la tranquilidad” por encontrarse en medio del camino, llegamos hasta la
carretera AV-307, a la que nos incorporamos durante alrededor de un kilómetro.
Abandonamos el asfalto para desviarnos a la izquierda y tras unos metros de
ascenso llegamos a un alto desde donde disfrutamos durante unos momentos de
unas bonitas vistas de todo el valle, con Santa Cruz de Pinares al fondo y parando
de nuevo a hacernos una fotito de grupo.
Tras la fotito, tocaba descender hasta San Bartolomé de Pinares, donde en
un parque hicimos una paradita para reponer fuerzas, rellenando a continuación de
agua las botijas en una fuente frente al ayuntamiento del pueblo antes de
encaminarnos hacia la parte más “jodida” de la ruta.
Y esta parte “jodida” no era otra cosa que una subida por la ladera del
monte en la que entre las piedras y la inclinación del terreno era imposible
mantenerse sobre la bici, con lo que nos tocó a todos realizar un buen tramo de
“empuja-bike” que nos puso los gemelos “a reventar”, ocasionándonos igualmente un
buen retraso de tiempo.
Una vez conseguimos llegar al alto, pudimos volver a rodar “con ligereza”
recorriendo “los prados” de la zona situados a más de 1.300 metros de altitud,
y realizando una nueva paradita para reponer fuerzas después de la subida
anterior.
Rodando por caminos entre los robles llegamos hasta la carretera AV-502,
donde el grupo perdió un integrante, ya que Jose iba “jodido” y no se veía con
fuerzas de continuar la ruta, por lo que tomó la carretera para volver a Hoyo
de Pinares y esperarnos en los coches.
El resto continuamos la marcha con un ascenso entre los pinos recorriendo a
continuación diversos caminos hasta encontrarnos con el último ascenso de la
jornada que, para rematar, pues de nuevo nos hizo poner pie a tierra para hacer
“empuja-bike” subiendo por una ladera, aunque por suerte esta vez durante menos
distancia.
Una vez reagrupados en el alto, ya sólo nos quedaba realizar el descenso
final hasta Hoyo de Pinares, el cual realizamos por unos divertidos senderos “zigzagueando”
entre los pinos y las piedras para llegar al pueblo, dirigiéndonos a
continuación donde teníamos aparcados los vehículos y donde Jose llevaba
esperando bastante tiempo.
Como es habitual en nuestras rutas mensuales, al finalizar el pedaleo nos
esperaba un buen avituallamiento sólido y líquido (muy bien merecido en la
jornada de hoy) tras realizar una durilla y estupenda ruta de unos 50
kilómetros, muy bonita en su recorrido a excepción de las dos zonas de “empuja-bike”
que nos retrasaron mucho tiempo haciendo que se prolongara demasiado el tiempo
de realización de la ruta.
miércoles, 3 de mayo de 2017
Domingo 30 de abril de 2017 (Una de invierno en el mes de mayo)
Tras el agua caída durante el sábado, el terreno tenía pinta de estar ideal
para “hacer senderos”, así que con ese fin habíamos previsto dirigirnos hacia
la zona del embalse de San Juan para disfrutar de los senderos entre los pinos
que por aquella zona hay, por lo que minutos después de las nueve comenzamos a
rodar dirigiéndonos hacia el norte para tomar el antiguo camino de San Martín
de Valdeiglesias a Villa del Prado.
Al comenzar con las primeras cuestas Transcastro se dio cuenta de que se
había olvidado de coger “la botija”, con lo que le animamos a volverse a casa a
por ella mientras el resto subiríamos a un ritmo más tranquilo para que pudiera
alcanzarnos más adelante.
Realizamos toda la subida “dándole al palique” hasta llegar al alto en la
ladera del cerro de Santa Lucía, donde como corría bastante viento era
imposible estar parado porque “nos quedábamos tiesos”, con lo que descendimos
unos metros hasta llegar a un cortafuegos donde nos pusimos al sol “como los
lagartos” e intentando protegernos del viento para esperar allí a Transcastro.
Tras unos minutos de espera Transcastro se incorporó al grupo y retomamos
la marcha haciendo “sube-baja” por el cortafuegos hasta llegar a los pies del
cerro Otanejo, donde tomamos un senderito que transcurre junto al arroyo del
Bodegón y que nos llevó hasta la Cañada de Talavera.
Cruzamos la Cañada y de nuevo nos incorporamos al camino de San Martín de
Valdeiglesias, recorriendo el cortafuegos y pasando junto al “Canto del Pichón”
hasta enlazar con el camino de La Fuenfría, por el que llegamos hasta la
carretera M-541, que atravesamos para continuar dirección San Martín.
Como el cielo cada vez estaba más negro y con muy “mala pinta” y ya
comenzaba a caer “chirimiri”, decidimos no alejarnos mucho del pueblo y
posponer para otro día el recorrido previsto, así que cambiamos la idea inicial
para “acortar la ruta” dirigiéndonos hacia Pelayos de la Presa.
Tras cruzar la carretera M-541 continuamos durante unos metros por el
camino de la Fuenfría hasta desviarnos a la derecha para tomar una trialera
entre los pinos por la zona de “La Cancha” con algunos tramos bastante técnicos
donde todos tuvimos que echar pie a tierra alguna vez.
Cuando ya habíamos dejado atrás lo más difícil de la trialera y al final de
la misma a punto de llegar a un claro….. ¡¡¡Pum!!!, Jorge reventó la rueda
delantera al topar con una raíz, lo que le ocasionó darse “un pequeño vuelo”
aunque por suerte sin consecuencias.
Llegamos todos al claro y paramos debajo de un pino para protegidos del “chirimiri”
que seguía cayendo arreglar el reventón, aprovechando también para hacer la “parada
barrita” de la jornada además de la fotito de grupo.
Con el problema solucionado, retomamos la marcha para continuar bajando por
senderos entre los pinos y tomando después un camino muy chulo por el que llegamos
hasta la cantera de Pelayos que hay en la ladera del cerro de Las Colmenas,
desde donde tomamos un nuevo camino para en paralelo a la carretera M-501
dirigirnos hacia Pelayos de la Presa.
Con el cielo cada vez más negro por todos los lados, bordeamos el pueblo de
Pelayos por senderos hasta salir al GR-10 (Vía verde del ferrocarril del
Tiétar), que atravesamos para continuar ascendiendo hasta llegar al camino de
San Esteban, donde giramos a la derecha para dirigirnos hacia la urbanización “El
Mirador de Pelayos” y comenzar desde allí a recorrer lo que nosotros llamamos “los
toboganes”, que se trata de un divertido sendero “sube-baja” entre los pinos
por el que descendimos de nuevo hasta el GR-10 en las cercanías del monasterio
de Santa María la Real, con un nuevo “vuelo sin motor” esta vez por parte de
Javi, que clavó la rueda delantera en una “zanjilla” y salió “por las orejas”
por suerte también sin consecuencias, aunque como somos tan “cabrones” nos
echamos unas risas a su costa.
Parecía que la lluvia nos daba un poco de respiro y bordeamos el monasterio
para dirigirnos hacia la nueva estación de tratamiento de aguas de Pelayos, que
bordeamos por un senderito para posteriormente pasar bajo la carretera M-501 y
dirigirnos a tomar la Cañada de Talavera para hacer frente a la subida por la
pista asfaltada.
Nos reagrupamos en el alto y tras unos momentos de relax para tomar aire
tras la subida retomamos la marcha para continuar por la Cañada hasta llegar a
la laguna del arroyo de Las Labores, donde de nuevo empezaba a llover y donde
comenzamos el ascenso por el camino de Pelayos mirando hacia arriba con “mucho
miedito” ya que no se veían los cerros por el agua que estaba cayendo.
Con el terreno comenzando a estar bastante “pegajosillo” realizamos la
subida luchando contra “las inclemencias” y reagrupándonos en el alto, donde
Javi abandonó el grupo para tomar dirección hacia “El Encinar”, mientras el
resto nos disponíamos a afrontar el descenso hasta el pueblo.
Ya con “chuzos en toda regla” cayendo sobre nosotros, realizamos un
descenso complicado por la falta de visibilidad, ya que la cantidad de agua que
nos daba en la cara unido al barro que levantaban las ruedas hacía difícil la
visión, aunque llegamos hasta el pueblo sin problemas pero con unos kilos de
barro encima.
Aunque terminamos bien caladitos (a excepción de Alberto y Javi ninguno
teníamos chubasquero) y “hechos un Cristo” de barro, como es habitual hemos
disfrutado un montón de nuestra salida haciendo una divertida ruta con bastante
sendero en la que hemos recorrido unos 38 kilómetros, esperando ansiosos la
duchita calentita al llegar a casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


