jueves, 1 de noviembre de 2018

Domingo 28 de octubre de 2018 (Buen día para ventilar)


Mañana muy fresca y ventosa la que ha amanecido hoy domingo, lo que no ha sido impedimento para que en la Plaza Mayor a nuestra hora habitual nos juntáramos un buen grupito compuesto por Eltiolavara, Transcastro, Jorge, Perejil, Alberto, Rafa y Nacho, que últimamente nos acompaña en nuestras rutas.

Decidiendo sobre hacia donde encaminar nuestras doradas, optamos por tomar alguno de los caminos para subir hacia El Encinar del Alberche, para así enseñar a Nacho alguna de las variantes de comunicación entre el pueblo y la urbanización.

Y dispuestos a ello abandonamos la Plaza Mayor para dirigirnos hacia el Polígono Industrial y desde allí tomar el camino de Almorox, por el que rodamos unos metros hasta que alguien tuvo la “feliz” idea de desviarnos para tomar un senderito por el que hacía bastante tiempo que no recorríamos, con lo que prácticamente se había perdido y al final tuvimos que rodar unos metros “conejeando” entre los tomillos para poder salir a camino donde se encuentra la estación de bombeo de agua hacia El Encinar.

Desde allí, comenzamos a rodar por camino hasta desviarnos para descender por un sendero hasta el arroyo de Arrofresnos, donde a continuación afrontamos un rampón del 26% de inclinación que únicamente Rafa pudo subir sobre la bici, encontrándonos también con la sorpresa de ver como un grupo de doce jabalíes cruzaron el sendero en mitad del grupo (presagio de lo que nos esperaba).

Y continuamos ascendiendo hacia El Encinar hasta que al llegar a las cercanías de la urbanización tuvimos la buena idea de descender de nuevo hacia el arroyo de Valdejergán, pensando que después tendríamos un “paso” hacia la urbanización……¡¡¡error!!!.

Nos encontramos con que no había manera de cruzar el arroyo, ya que estaba rodeado todo de zarzas, con lo que entre las jaras y las encinas nos tocó “jabalinear” siguiendo el cauce del arroyo hasta ver si encontrábamos algún camino o sendero, lo que nos llevó buen rato de “exploración” hasta que finalmente conseguimos dar con un camino.

Ascendimos por la ladera y llegamos a un camino por que habíamos pasado anteriormente, aunque para no repetir el error y viendo que por ahí no podíamos entrar a la urbanización, decidimos salir a la carretera M-507 para ascender por la misma alrededor de un kilómetro y entrar a la urbanización por la entrada principal.

Atravesamos la urbanización para salir al comienzo de la pista que desciende hacia la urbanización El Romillo, donde nos incorporamos al cortafuegos que bordea la urbanización de El Encinar y que representa el límite de provincia entre Madrid y Toledo, y que fuimos recorriendo primero bordeando la urbanización y después en paralelo a la carretera M-507 bordeando el cerro de Pino Tabernero hasta llegar a un alto donde cruzamos la carretera M-507 para a continuación descender hacia la carretera N-403 e incorporarnos a un cortafuegos que transcurre en paralelo a la misma con dirección hacia San Martín de Valdeiglesias.

Mientras recorríamos el cortafuegos, en un lugar que encontramos al solecito y al abrigo del aire que nos estaba acompañando durante toda la jornada, hicimos nuestra “parada barrita” y una fotito de grupo.

Retomamos la marcha y continuamos por el cortafuegos hasta llegar a la laguna de Pozo Alcornocoso, donde tocaba realizar un ascenso de alrededor de un kilómetro hasta llegar a la Cañada de Talavera, donde después nos incorporamos a la pista asfaltada para bajar a toda velocidad la cuesta y desviarnos a la derecha para tomar el camino de San Martín de Valdeiglesias a Villa del Prado.

Como íbamos bien de hora y no habíamos hecho muchos kilómetros, en vez de dirigirnos de regreso al pueblo decidimos dirigirnos hacia un lugar que hacía tiempo que no visitábamos, que era el vértice geodésico del Cerro Corrales.

Y para ello en vez de desviarnos por el camino de San Martín hacia Villa del Prado, continuamos ascendiendo por un camino que recorre la ladera del Cerro de la Puebla hasta un alto donde nos desviamos a la derecha para continuar ascendiendo hasta llegar a nuestro objetivo, el Cerro Corrales.

Allí contemplando el paisaje nos hicimos otra fotito de grupo y a continuación realizamos un rápido descenso por el cortafuegos que recorre la ladera del cerro hasta enlazar con el camino de San Martín, por el que rodamos unos metros hasta desviarnos a la izquierda para tomar el camino que recorre la ladera del cerro Lucía pasando por una explotación ganadera abandonada y enlazamos a continuación con el antiguo camino de Villa del Prado a Pelayos de la Presa, recorriendo unos metros por el mismo hasta desviarnos a la derecha para tomar el divertido senderito que lleva hasta detrás del depósito del agua de Villa del Prado y continuar desde allí hasta el pueblo.

Aunque nos ha salido una cortita, de sólo unos 26 kilómetros, ha estado “aderezada” por bastantes metros de desnivel acumulado positivo, y con un fuerte viento en contra en algunas fases, con lo que la “damos por buena”. A haber llegado prontito, hoy si que teníamos tiempo de unas cervecitas, que en esta ocasión eran con motivo del reciente cumple de Transcastro y que muy gustosamente nos hemos tomado mientras comentábamos como había transcurrido la jornada.

Y el próximo domingo…….más cervecitas, esta vez a la salud de Eltiolavara!!!

jueves, 25 de octubre de 2018

Domingo 21 de octubre de 2018 (Por fin ha vuelto Alberto)



Con algún nublado que otro en el horizonte, lo que ha obligado a echarse el chubasquero “por si las moscas”, nos hemos reunido en la Plaza Mayor a nuestra hora de siempre Eltiolavara, Horacio, Perejil y Rafa, donde nos hemos llevado la grata sorpresa de la reaparición de nuestro compañero Alberto, al que tras un año alejado de nuestra compañía por fin le ha llegado el momento de retomar “el vicio”.
Teniendo claro que no iba a aparecer nadie más, para ver “cómo estaba de forma” Alberto decidimos “tirar p’al monte”, con lo que el grupo echó a rodar con rumbo norte para dirigirnos hacia el antiguo camino de Pelayos de la Presa a Villa del Prado.
Comenzamos la subida y en la primera rampa Rafa tuvo un leve problema mecánico, que con la ayuda de Eltiolavara y Alberto se solventó en unos minutos, tiempo que Perejil había aprovechado para “tomar ventaja”.
Tras solventar el problema, el trío reanudó la marcha y continuó el ascenso “dándole caza” más adelante para finalmente reagruparnos todos al llegar al alto en la ladera del Cerro Rojo, donde nos tomamos unos segundos para recuperar fuerzas antes de realizar el rápido descenso que nos condujo hasta la Cañada de Talavera junto a la laguna que forma el arroyo de las Labores.
Y para “entrar de nuevo en calor”, nada mejor que subir por el cortafuegos que desde la citada laguna asciende por la ladera del cerro de las Mucas, donde tuvimos que hacer frente a algún tramo del 21% en el que Alberto y Perejil tuvieron que “echar pie a tierra” durante unos metros.
Tras unos quinientos metros de dura subida por el cortafuegos, nos desviamos a la derecha para tomar un camino -sendero recorriendo la ladera del cerro de las Mucas y a continuación del cerro de Las Labores por el que descendimos hasta las cercanías de Pelayos de la Presa.
Pasamos bajo la carretera M-501 por un tubo para posteriormente atravesar la “Colonia de San Blas” y desde allí dirigirnos hacia el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, donde nos incorporamos al GR-10 en dirección hacia San Martín de Valdeiglesias.
Tras unos metros por el GR-10 nos desviamos a la derecha para comenzar a ascender por la ladera del cerro de San Esteban para dirigirnos hacia “Casa Quemada”, el bonito mirador desde el que se disfrutan unas estupendas vistas del embalse de San Juan y que Alberto no conocía.
Y tras aproximadamente dos kilómetros de ascensión llegamos a nuestro destino, donde Alberto quedó fascinado por las vistas y donde aprovechamos para reponer fuerzas mientras contemplábamos el paisaje y el vuelo de los buitres en nuestra cercanía.
Después de unos minutos de “charleta” y relax, y con unas cervecitas prometidas por Alberto, llegó el momento de emprender el camino de regreso hacia el pueblo, descendiendo unos metros por el camino por el que habíamos realizado la subida para a continuación “investigar” un sendero a nuestra derecha por el que ascendimos unos metros por la ladera del cerro para a continuación tomar un senderito por el que descendimos de nuevo hasta enlazar con lo que llamamos “los toboganes”, que es un divertido sendero sube-baja que transcurre en paralelo a la carretera que va hacia la urbanización de San Ramón.
Con un terreno “espectacular”, descendimos por el sendero hasta llegar al GR-10 de nuevo junto al monasterio de Santa María la Real, desde donde nos dirigimos a continuación hasta la gasolinera de Pelayos de la Presa junto a la carretera M-501.
Tomamos la carretera M-501 durante unos metros para enlazar con el comienzo de la vía verde de Picadas, donde sorteando algunos pequeños charcos producidos por las últimas lluvias llegamos hasta el muro de la presa y continuamos después con la subida por la carretera y posterior descenso por la misma hasta desviarnos a la derecha para tomar el camino que va por detrás del Safari-Park.
Enlazando después con el camino del Molino de Rodeles llegamos hasta la carretera M-507, cruzando la misma para incorporarnos después al antiguo trazado del ferrocarril Madrid-Almorox y regresar al pueblo cerca de la una menos cuarto tras hacernos una bonita ruta de unos 38 kilómetros en la que hemos disfrutado de un estado del terreno espectacular además de ver como el campo va poco a poco “tomando el verde”.
Y tal como había prometido Alberto, nos dirigimos a visitar a nuestro amigo Valentín, donde nos tomamos unas cervecitas mientras conversábamos animadamente y planificábamos dónde y cuándo hacer la próxima excursión del Club.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Domingo 14 de octubre de 2018 (Con las primeras lluvias del otoño)



Ahora si que ya “parece” que ha llegado el otoño, con una jornada que ha amanecido muy nublada y con previsión de lluvia, lo que nos ha obligado a “desempolvar” el chubasquero que llevábamos unos meses “sin echar de menos”.
Aun así, nos hemos reunido en la Plaza Mayor a la hora de siempre un buen grupo compuesto por cinco “unidades” del Club, Eltiolavara, Horacio, Perejil, Jorge y Rafa, además de Mónica y tres miembros de la U. C. Villa del Prado, encabezados por su “Presi” Juan Carlos, acompañado de “Fer” y Martín, contando también con Ricardo y Miguel, amigos de Juan Carlos.
Echamos a andar minutos después de las nueve sin rumbo fijo dirigiéndonos hacia el norte e incorporándonos al antiguo camino de Pelayos de la Presa a Villa del Prado, donde rápidamente se creó un grupete de “los máquinas” compuesto por Mónica, Juan Carlos; Miguel, Fer y Horacio, que pusieron un ritmo imposible para “los mortales” (especialmente para Perejil y Ricardo, que no llevaban nada bien eso de “empezar subiendo”).
Entramos rápido en calor, realizando los seis kilómetros de ascensión cada uno a su ritmillo y reagrupándonos en el alto en la ladera del Cerro Rojo, donde en vez de continuar hacia Pelayos nos desviamos a la izquierda para continuar ascendiendo unos metros por un camino antes de desviarnos a la derecha para por un cortafuegos comenzar a ascender por la ladera del “cerro de La Puebla”, donde una gran niebla hacía imposible la visión a pocos metros.
Y comenzamos a ascender por el cortafuegos (que a su vez es el límite entre los términos municipales de Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias) y a mitad del mismo nos desviamos a la derecha para continuar por otro cortafuegos por el que continuamos subiendo unos pocos metros para a continuación bajar entre la niebla hasta el comienzo del camino de Valdenoches.
Comenzamos a continuación el ascenso hacia el cerro del mismo nombre, con una primera parte “más fácil” por el camino y a continuación con el tramo de piedra suelta que lleva hasta la antena de la cima, donde de nuevo hicimos una paradita de reagrupamiento durante unos segundos.
Una vez estuvimos todos, comenzamos a descender por un sendero en línea recta por la cara norte del cerro, que transcurre siguiendo el trazado eléctrico y que nos llevó hasta un camino que recorre toda la cara norte del cerro de Valdenoches y del alto de La Mira por el que rodamos hasta llegar a la carretera M-541.
Atravesamos la carretera y comenzamos a “senderear” entre los pinos por la zona de “La Corcobada” y “La Cancha”, haciendo una paradita bajo un pino junto a la fuente de La Cancha para reponer fuerzas y ponernos los chubasqueros, ya que la lluvia empezaba a ser “de consideración”.
Tras la “parada barrita” y la foto de grupo y observando como cada vez llovía con más intensidad y poco a poco el cielo “se cerraba más” por las nubes de lluvia, unido a que Ricardo iba “pegadillo”, decidimos poner rumbo de regreso al pueblo, para lo que nos dirigimos hacia el camino de la Fuenfría, donde Horacio intercambió su e-bike con Ricardo para que éste pudiera realizar mejor el ascenso hasta llegar a la carretera M-541.
Atravesamos la carretera y continuamos por el camino de la Fuenfría hasta llegar a la Cañada de Talavera, cruzando la misma para proseguir hacia Villa del Prado por el antiguo camino de San Martín.
Antes de comenzar el descenso final hasta el pueblo nos desviamos a la izquierda para tomar el camino que recorre la ladera del cerro Lucía pasando por una explotación ganadera abandonada, donde Ricardo se pegó un buen “piñazo” al meter la rueda delantera en una grieta, aunque por suerte sin consecuencias graves.
Enlazamos a continuación con el antiguo camino de Villa del Prado a Pelayos de la Presa, recorriendo unos metros por el mismo hasta desviarnos a la derecha y tomar el divertido senderito que lleva hasta detrás del depósito del agua de Villa del Prado y continuar desde allí hasta el pueblo.
Con las primeras lluvias del otoño nos ha salido una bonita ruta de unos 31 kilómetros, por fin con el terreno húmedo e ideal para disfrutar de nuestro deporte en espera de que el campo retome “el verdor” después de tanto tiempo seco y estando hoy además pronto de vuelta, poco después de las doce, después de lo tarde que llegamos el domingo pasado, y es que como dice el refrán……”Las gallinas que entran, por las que salen”.